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LA CASA ES NUESTRA
Una de las constantes del cine de terror en los últimos
años ha sido el abuso de efectismos (sangre, vísceras
y sustos), sexo (siempre con una intención represora y
moralista) y adolescencia, buscando la complicidad de un público
amante de las emociones fuertes, fácilmente moldeable o
alienable y de tendencias consumidoras.
Sin embargo, tras el pequeño, pero significativo, paso
que supuso la irrupción en cartelera de películas
como El Proyecto de la Bruja de Blair o El Sexto Sentido, en las
que el terror gozaba de un tratamiento más reflexivo, más
inteligente y, en definitiva, más adulto, el reciente estreno
de Los Otros, de Alejandro Amenábar, joven prodigio del
cine español, en su primer desembarco en el exigente y
difícil mercado americano, llega como un soplo de aire
fresco y, al mismo tiempo, como una necesaria recuperación
de los ingredientes que, en su día, hicieron grande el
género: el tratamiento cuidadoso de los personajes, la
atmósfera inquietante (acrecentada por una excelente banda
sonora, compuesta por el propio director), el estilismo bien entendido,
como forma de conducir al espectador a la revelación sincera,
sin trucos ni trampas, de la verdad oculta tras los sentimientos
de angustia y miedo, simples reflejos de la ignorancia, tanto
de la situación de los personajes, como de la presunta
amenaza que los rodea.
En este sentido, cabe señalar la impecable interpretación
de Nicole Kidman, hasta el punto de que toda la película
parece transmitirse a través de sus ojos, sin olvidar el
formidable plantel de secundarios, desde los enigmáticos
sirvientes, capitaneados por la veterana Fionnula Flanagan, hasta
los hijos de la protagonista, víctimas de una rara enfermedad
que les impide exponerse a la luz solar, destacando la jovencísima
Alakina Mann, cuya actuación camina entre el humor negro
más sangrante y la irreverencia más absoluta.
Como notas negativas, señalar ciertas concesiones a la
galería ( algúnos cameos y sustos autocomplacientes
y gratuitos) o la innecesaria, a mi juicio, anticipación
del final que supone la aparición del marido de la protagonista,
así como el hecho de que puedan establecerse odiosas comparaciones
con determinadas películas recientes, cuando lo cierto
es que el referente directo hay que buscarlo en el relato Otra
Vuelta de Tuerca, de Henry James, o en cierta obra de teatro homónima
al film, cuyo desenlace es sospechosamente similar.
Pero, salvando estos pequeños detalles, no cabe duda de
que en este, su tercer largometraje, Alejandro Amenábar
se ha confirmado no sólo como una gran promesa de cara
al futuro del cine español, sino como una realidad palpable
del actual panorama cinematográfico internacional, como
lo demuestra la gran aceptación que Los Otros ha tenido
allende nuestras fronteras, postulándose incluso como un
serio candidato (la distribuidora Miramax ya trabaja en ello)
a los próximos premios Oscar. Siguiente parada, pues, en
Febrero, cuando se darán a conocer los finalistas.
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