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LA ISLA
Hace ya tiempo que Julio Médem dejó de ser simplemente
una joven promesa del cine español, pero su obra sigue
levantando las mismas pasiones enfrentadas que suscitó
su primer film, Vacas, convertido, con el tiempo, en todo un clásico.
En Lucía y el Sexo, el director vasco vuelve a situarse
en la frontera entre lo ridículo y lo sublime, incidiendo,
una vez más, en los elementos que conforman la particular
idiosincrasia de su cine: guiones complejos, nada lineales, donde
el azar y la casualidad juegan un papel preponderante; imágenes
turbadoras y llenas de imaginación, pretenciosas para unos,
poéticas para otros; una cuidada dirección de actores,
a los que sabe extraer todo su jugo; y, lo que es más importante,
una fidelidad absoluta hacia su manera de entender el cine (no
es extraño que haya vuelto a recurrir a su compañero
de fatigas Alberto Iglesias para la música).
A todos estos elementos, Médem ha añadido el sexo
de manera crucial, abierta y sin tapujos (aunque sin llegar, por
muy provocativo que pueda resultar, al exhibicionismo gratuito
del cine porno), contraponiéndolo a sentimientos como la
soledad, la incomunicación o la pérdida. El sexo
actúa de válvula de escape y, al mismo tiempo, de
modo trágico, en factor determinante, en una historia que
camina entre la realidad y la ficción (expresada en las
obsesiones de un escritor que utiliza sus experiencias como inspiración
de sus obras), entremezclándolas y confundiéndolas
como en un extraño juego cuyo final transgrede cualquier
estructura narrativa comúnmente aceptada.
A destacar el buen juego de sus actores y actrices (con la excepción,
quizás, de un desdibujado Javier Cámara), empezando
por una Paz Vega, entregada en cuerpo y alma a su personaje; pasando
por Tristán Ulloa, en la línea de eficientes actores
casi desconocidos, a los que Médem sabe sacar provecho;
Nawja Nimri, cada vez más inteligible en sus diálogos;
terminando, por supuesto, en la estupenda Elena Anaya, con diferencia,
la presencia más excitante del film.
Por último, hacer referencia al formato de la película,
rodada ,en su mayor parte, con técnicas digitales, que
aportan una textura innovadora, en las antípodas de la
tradicional concepción academicista (afortunadamente, en
vías de extinción) del cine..
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