WALLACE Y GROMIT: LA MALDICIÓN DE LAS
VERDURAS (Wallace & Gromit in The Curse
of the Were-Rabbit)
Steve Box y Nick Park
Nota: * * * *
EL DISCRETO ENCANTO DE LA BURGUESÍA
Sin duda, uno de los acontecimientos más esperados por los
buenos amantes
de la animación (nada que ver con los freakis al uso), este
primer largometraje
de los entrañables Wallace y Gromit, personajes precedidos
de gran popularidad
gracias a sendos cortos multipremiados (uno de ellos, incluso, con
el Oscar
de Hollywood), nos retrotrae a los, para muchos, añorados
tiempos en los
que con mucho talento, gran esfuerzo y medios limitados podían
crearse verdaderas
maravillas (pensad, por ejemplo, en la gran escuela de animadores
checoslovaca),
muy alejadas de la mercadotecnia actualmente imperante y del triunfo
tecnológico
que supuso la irrupción de los programas CGI de la mano de
Pixar y Dreamworks
(por cierto, co-productora y distribuidora de este film), ofreciéndonos
la
oportunidad de disfrutar con el particular imaginario de plastilina
creado
por los talentosos Steve Box y Nick Park, responsables de la un
tanto más
flojilla Evasión en la Granja, y que aquí dan rienda
suelta a su particular
humor británico, repleto de ocultas referencias sociales
y sexuales (aparte
de algún que otro guiño cinéfilo), introduciéndonos
en una nada distante
y sí muy reconocible comunidad de clase media-alta burguesa
que ve amenazada
su apacible existencia por la sorpresiva aparición de un
monstruo devorador
de verduras.
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Lo más destacable del film es
la manera en que la trama parece deslizarse
sobre la cotidianeidad de las situaciones y personajes, de modo
que la más
fantasiosa de las ocurrencias adquiere un marcado tono costumbrista
que la
hace parecer asombrosamente creíble. Cierto es que, en ocasiones,
el argumento
se hace un tanto previsible, pero la manera en que se resuelven
los puntos
clave está muy alejada de cualquier afán pretencioso
y mucho menos convencionalista;
gracias, en buena parte, a la sobresaliente aportación que
supone el personaje
del mudo pero muy expresivo perrito Gromit (el más carismático
de la película),
fiel ayudante de su amo Wallace (compulsivo devorador de quesos),
a quien
saca de más de una situación apurada, y que en este
film, así como en los
dos cortos anteriores que protagonizó, alcanza unas cotas
de humanidad realmente
fascinantes (hay quien, incluso, compara su actitud con la de un
Buster Keaton
en sus mejores años) por su complejidad exenta de todo histrionismo;
algo
así como un trasunto de Snoopy o el reverso amable del perro
Patán.
Por último, resaltar la excelente labor artística
del film, plasmada en una
excelente ambientación de marcado estilo inglés y
un uso razonable y nada
atosigante de los efectos especiales, que contribuyen decididamente
a aportar
ese tono de cine fantástico de la Hammer, muy de agradecer
por los que todavía
cultivamos una sana devoción por el romanticismo.
EN RESUMEN
Un film que hará que los niños se mantengan quietos
en su butaca y que los
padres agradezcan haber pagado por llevarlos al cine.
Lo mejor: la lucha que Gromit y un perrazo gigantón protagonizan
en un auto
de feria.
Lo peor: que, pese a todo lo dicho, uno siga prefiriendo los ya
clásicos
cortos que frecuentemente suele reponer Canal 9 antes de los telediarios
de sobremesa.
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