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EL LADO BUENO DE LA VIDA
Como ya es habitual, el irregular director norteamericano James L. Brooks,
realizador de la multipremiada y sensiblera La fuerza del cariño, vuelve a
contar con su amigo Jack Nicholson para una comedia, cuyo principal
aliciente no reside exactamente en la historia que nos cuenta, sino en las
portentoso trabajo de sus intérpretes, entre los que, además del propio
Nicholson, reciente ganador del Oscar de la Academia de Hollywood, destacan
una portentosa Helen Hunt (que recuerda poderosamente a actrices clásicas de
comedia, como, por ejemplo, Carole Lombard), también ganadora del Oscar,
capaz de sostener la mirada al mismísimo Jack (algo nada fácil de
conseguir), y un memorable Greg Kinnear (nominado para el Oscar al mejor
actor de reparto), quien, con su estupendo papel de gay, consigue el milagro
de hacernos olvidar al Rupert Everett de La boda de mi mejor amigo.
Jack interpreta a Melvin, un neurótico compulsivo, desagradable, machista,
homófobo, paradigma de la mentalidad políticamente incorrecta (en la
ceremonia de entrega de los "oscars", Billy Crystal bromeó afirmando que
sería el perfecto candidato republicano a la presidencia de los Estados
Unidos), quien, sin embargo, es capaz de escribir novelas románticas de
éxito. Y es que, en el fondo de ese ser aparentemente despreciable, se
esconde un corazón sensible al que le cuesta emerger a la superficie, pero
que, a lo largo del film se irá manifestando cada vez con más fuerza,
gracias a los dos personajes, la camarera cuyo hijo sufre todo tipo de
alergias asmáticas, y el pintor gay, dueño de un simpático perrito (todo un
puntazo), hasta concluir en el inevitable final feliz, tan predecible como
complaciente.
Con un guión de tono costumbrista, más atento a la evolución de los
personajes que a desarrollar un argumento, una realización un tanto
convencional e irregular (significativo que el director no hubiese sido
nominado al Oscar), y que hace una contundente ^aunque, tal vez, desvirtuada
por tratarse de una clásica comedia romántica- denuncia del terrible sistema
sanitario estadounidense (el pintor arruinado al pagarse una operación de
cara tras ser horriblemente agredido en su propia casa, la chica cuyo seguro
médico no le llega ni para realizarle unas analíticas a su hijo...). Un
film, en definitiva, interesante, con algunas lagunas, y que cuenta,
probablemente, con el mejor trabajo interpretativo, en cuanto a comedia se
refiere, de los últimos años. Las risas están aseguradas.
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