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La culpa la tienen los demás

Juan Borrás

Fernando Días Plaja nos cuenta, en su obra "El español y los siete pecados capitales", una anécdota sobre la soberbia de los españoles que retrata de cuerpo entero a la mayoría de nuestros políticos. No la recuerdo al pie de la letra pero decía manos o menos así: "Discutían dos españoles sobre el significado de una palabra cuando uno de ellos para terminar expuso un hecho irrefutable: Lo dice el diccionario de la Real Academia. A lo que contestó tranquilamente su oponente: Pues está equivocado el diccionario y la Real Academia".

Puede que cambie el tema, pero el sentido de la anécdota es de rabiosa actualidad. Basta con leer la prensa, oír la radio o sintonizar la TV para enterarnos de que todos los perdedores de las ultimas elecciones hacen gala de la misma soberbia: La culpa del desastre no es suya, es de los demás. Ellos tienen razón; los electores son los (h)errados. (Visto el concepto que demuestran tener de los ciudadanos, me queda la duda de si se escribe con o sin h).

Hasta estas últimas elecciones siempre se oía el mismo sonsonete al conocerse los resultados: TODOS habían ganado. Como mucho se pudo oír o leer alguna estupidez como la de "una dulce derrota" de Felipe González. Su soberbia no le permitía decir que era una derrota ínfima o menuda o insignificante no, tenía que ser "dulce" para que, por confrontación, la victoria del PP fuera "amarga". Habrá que aceptar que tenía razón Ortega y Gasset cuando decía que el hombre tiene infinitas formas de hacer el imbécil. .

La derrota del PSOE e IU esta vez, ha sido tan escandalosa que tanto Almunia como Frutos la han reconocido y aceptado, pero ¡faltaría más! matizándola: la culpa no es de ellos sino de los demás. Unos porque no les han votado cuando, en su "modesta" opinión, deberían haberlo hecho, y otros porque han cometido la necedad de votar al PP. Algo imperdonable por que los "progresistas" (que en opinión tanto de Almunia como de Frutos, sólo lo son los de izquierdas y los de izquierdas son la mayoría) deberían haberlo hecho, sin dudarlo ni pensarlo, a ellos.

Un inciso. Desde hace algún tiempo me desconcertaba lo de PSOE-progresistas, porque es obvio que lo adjetivado deja de ser sustancial para pasar a ser secundario y no concebía al PSOE como algo secundario. Pero los discursos catastrofistas de los socialistas en las pasadas elecciones, que confirman el concepto que Vargas Llosas tiene de la progresía (La progresía no está a favor de la democracia, está más a favor de la Apocalipsis, de las utopías redentoras y revolucionarias), me lo han aclarado.

Todos hemos oído hasta la saciedad, tanto a los del PSOE como a los de IU, que el pueblo "es soberano" y "no se equivoca" NUNCA cuando vota. ..¡hasta que les han barrido!. Ahora resulta que el pueblo no tiene ni puñetera idea de lo que ha votado, porque lo que ha elegido ¡es una tragedia!. (Sólo que han olvidado añadir que para ellos).

Una vez más se demuestra que aferrarse dogmáticamente a una idea, falsa o verdadera no importa, es desconocer que solo las leyes de la naturaleza son ineluctables.

Muchos de los amigos, digamos más bien "presuntos amigos" o quizás mejor "conocidos" políticos de Almunia, alaban apasionadamente su integridad por la dimisión ante la desmesurada derrota electoral, y posiblemente tengan razón, pero no tanto si admitimos que integridad es decirse la verdad a uno mismo y honestidad es decirle la verdad a los demás.

No me voy a permitir dudar, aunque el incumplimiento de su dimisión cuando las "primarias" me permitiría tomarme esa libertad, de que sea verdaderamente una persona íntegra, pero de lo que no hay duda es de que nos ha mentido descaradamente durante toda la campaña electoral. Integro podemos hacer un acto de fe y aceptarlo; honesto …..que cada cual opine como quiera.

Mención aparte merece la soberbia insoportable del ínclito jesuítico Arzalluz. Cuando leí el otro día que afirmaba que para él "es un honor" que el Presidente Aznar no quiera negociar con el PNV y que la campaña del PP era una "suciedad", me acordé de lo que decía el ex canciller alemán Konrad Adenauer: "Hay algo que Dios ha hecho mal. A todo le puso límites menos a la tontería".

Lo peor, para el resto de los españoles, son las consecuencias de esas tonterías, estupideces, necedades, llámese como se quiera, porque como decía el que fuera Presidente de la Asamblea de la ONU, P.Spaak, "La tontería es la más extraña de la enfermedades. El enfermo nunca sufre, los que de verdad padecen son los demás".

Juan Borrás (Gandia)



 

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